Por José Luis Andavert
ESPAÑA-. ( AGENCIALAVOZ.COM ) Ya estamos a las puertas de celebrar el nacimiento del Señor. Es Nochebuena. Escribo esta reflexión a la luz de la corona de adviento. Observando las velas no puedo dejar de pensar en tantas y tantas ocasiones en que la Luz de Cristo ha iluminado mi sendero durante el año 2008.
¿Y tú?, ¿puedes decir lo mismo? ¡Seguro que sí! Al pensar en el camino recorrido no podemos por menos que recordar como Dios se ha desbordado con nosotros dándonos de la riqueza de su gracia, derramándola en nuestras vidas y dándonos bendición tras bendición. Y lo ha hecho de tal modo, que el amor y la verdad de Dios se han acercado a nosotros en multitud de formas y diversidad de circunstancias. ¡Dios está ahí para bendecirnos! Al pensar en esto meditamos en las muchas ocasiones en que la experiencia de la presencia de Dios ha sido motivo de alegría y recordamos también como en otras ocasiones no podíamos comprender la aparente ausencia de Dios en las dificultades cotidianas.
Sin embargo, al final del camino descubrimos como incluso eso que no entendíamos por qué nos ocurría, era para nuestro bien, porque a los que aman a Dios dice la Escritura- todas las cosas les ayudan a bien. Sí, ciertamente, Jesús en su vida con nosotros nos ha dado a conocer el amor del Padre acompañándonos día a día en nuestro peregrinaje por este mundo. ¡Qué cosa tan maravillosa! ¡Qué misterio tan grande y a la vez que experiencia tan real! ¡Jesús anda a nuestro lado! Y al meditar en esto, de repente contemplamos el rostro de Dios, y la realidad de su presencia nos invade una vez más y nos sobrecoge la experiencia extraordinaria de sentir de Dios, bendición tras bendición. Del Dios que ha iluminado nuestra vida, que nos ha enviado como testigos, que nos ha hecho sus hijos, que nos ha dado el ver su gloria.
Mi deseo más ferviente para todos los que habéis seguido estas sencillas meditaciones de adviento es que ese Dios nazca un año más en nuestras vidas y ocupe siempre el centro de nuestro corazón.
Mi deseo más ferviente para todos los que habéis seguido estas sencillas meditaciones de adviento es que ese Dios nazca un año más en nuestras vidas y ocupe siempre el centro de nuestro corazón.
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