
Por Dr James Dobson
EE.UU-. ( AGENCIALAVOZ.COM ) Para las mujeres de otras épocas, usualmente, su porvenir estaba limitado a ciertas ocupaciones y labores, casi siempre domésticas. El trabajo de la mujer nunca ha sido fácil y, para bien o para mal, hemos vivido bajo el mandato de entregar la propia vida para nutrir y cuidar de otros.
Ahora bien, vivimos en el siglo XXI y para muchas mujeres, las opciones de realización personal se han ampliado. En la actualidad, muchas mujeres pueden dedicarse con mayor libertad a sus propios proyectos personales. Sin embargo, las demandas familiares y económicas no han disminuido y, en muchas ocasiones, nos encontramos en la situación de tener que trabajar largas jornadas fuera del hogar, para después regresar a casa y continuar trabajando. ¿Cómo poder encontrar un balance saludable como trabajadora, como madre y como persona que también necesita cuidarse a sí misma?
El dilema de la madre que trabaja
Existen muchas razones por las cuales una mujer con hijos pequeños necesita trabajar fuera del hogar. Para algunas afortunadas, trabajar es una opción que les permite realizarse como personas, así como recibir un ingreso extra. Sin embargo, estos casos son los menos. Muchas mujeres necesitan trabajar para sostener el hogar y esto puede generarles sentimientos de culpa, sobre todo si sus hijos están pequeños. Esta situación es particularmente difícil cuando la mujer se siente culpable por una realidad laboral que ella misma no es capaz de cambiar.
Como mujeres, crecemos con demandas y expectativas: es necesario ser mujeres fuertes, ser amigas de nuestros hijos, ser mamás “perfectas”. No obstante, no existe la mujer perfecta, y esto, en lugar de resultar un consuelo, para muchas es una fuente de gran frustración.
Malas estrategias para “compensar” a los hijos (as)
Si usted necesita trabajar fuera del hogar y no puede estar con sus hijos tanto tiempo como usted desea, es común que la relación con ellos se vea afectada. Algunas veces, estos conflictos pueden tratar de ocultarse por medio de regalos, o “alcahueteando” el comportamiento inapropiado de los hijos.
En ocasiones también se generan intensos sentimientos de agotamiento y frustración, los cuales hacen más difícil manejar la convivencia familiar cuando finalmente están juntos.
Es importante recordar que la cultura patriarcal en que vivimos, señala a las madres como las primeras responsables por la formación de los hijos: formación en los ámbitos morales, académicos, espirituales y personales. Lo más saludable para la dinámica de la familia, el bienestar de los hijos e hijas y la madre misma, sería que se comparta equitativamente esta responsabilidad con el padre, y si existe la necesidad de que otra persona se involucre en el cuidado de los hijos, debido a las ocupaciones de la madre y el padre, es importante transmitir a esta persona pautas claras en cuando a los cuidados, límites y disciplina que se le debe dispensar a los niños y niñas en ausencia de los padres.
Finalmente, es válido dejar de lado la culpabilidad: usted trabaja para proveer lo necesario para su familia. No permita que los reclamos de sus hijos la desalienten. En la medida en la que usted invierta el mayor tiempo posible con ellos y esos momentos sean de calidad y de contacto personal, ellos asimilaran la dinámica reconociendo su esfuerzo por sacar adelante a la familia. Usualmente no es el tiempo que usted está en el trabajo lo que los niños y niñas resienten, sino si se sienten desatendidos durante los períodos que están a su lado. No tenga temor de corregir a sus hijos, de aprovechar el tiempo juntos, no sólo para la diversión, sino también para enseñarles valores y buenos hábitos, esto es parte de lo que ellos perciben como atención. Así también, dedique tiempo para abrazarlos, mostrarles amor, mostrar comprensión e interés por sus asuntos. Permita a sus hijos experimentar ese amor incondicional tan difícil de encontrar en otros vínculos afectivos.
Consejos Prácticos
• Converse frecuentemente con la persona o personas que cuiden a sus hijos. Insista en que esas personas se rijan por los valores y principios que usted está procurando transmitir a sus hijos.
• Establezca pautas claras en cuanto a la corrección, límites y disciplina que se deben practicar durante los períodos en que usted esta ausente. Hable con sus hijos claramente sobre las responsabilidades que usted ha delegado en la persona a cargo de ellos en esos períodos, y sobre la importancia de que ellos respeten a esa persona.
• Póngase en contacto telefónico con los maestros y maestras de sus hijos. Hágales saber su situación laboral y pregúnteles cómo puede ayudarle a sus hijos para que salgan adelante con sus estudios.
• No descuide su trabajo. Hágalo con excelencia. El trabajo es una maravillosa oportunidad de realizarnos como personas. Y ponga a sus supervisores al tanto de asuntos de su vida personal que sean relevantes para su vida laboral.
• Si le es posible, comuníquese por teléfono con sus hijos una o dos veces durante el día, para saludarlos y preguntarles cómo van las cosas. Una vez en casa, propóngase la meta de conversar con sus hijos y procure escuchar sus opiniones sobre su escuela o sus amiguitos. Permita a sus hijos encontrar en usted una fuente de escucha.
• De ser posible, como familia tómense un tiempo en la mañana, aunque sea corto, antes de que cada miembro salga para sus respectivas ocupaciones, por ejemplo desayunen juntos. Esto quitará presión en usted de tener que compartir con ellos cuando, después de la jornada laboral, todos están mucho más cansados. También pueden procurar cenar juntos, si esa es la única opción viable. La familia que comparte una comida al día convive mejor y se conoce más.
• Cuide el afecto: abrace a sus hijos todos los días, hagan la costumbre de darse un beso de buenas noches y béselos antes de despedirse por las mañanas. Esas pequeñas costumbres hacen una gran diferencia.
“No existe la forma de ser una mamá perfecta, pero existen 1001 maneras de ser una muy buena mamá.”