Foto: Mariano Bufarini, director del Servicio Penitenciario
ARGENTINA-. ( AGENCIALAVOZ.COM ) El ingreso de pastores evangelistas a las cárceles de la provincia es un fenómeno en crecimiento desde los últimos diez años. Pabellones completos de los principales penales se han convertido en “iglesias”. Ése es el término con el que comúnmente se los denomina. La prédica genera críticas y elogios.
“No estamos en contra de la religión -dijo a El Litoral Lilian Echegoy, miembro de la ONG-. Pero los pabellones se convierten en iglesias y se delega el control que debe ejercer el Estado. Son los presos o los pastores los que imponen las normas y quienes vigilan quién entra y sale de cada pabellón”.
El director del Servicio Penitenciario, Mariano Bufarini, relativizó esa lectura. Consultado por El Litoral, recordó que el fenómeno empezó hace una década, y aclaró que los pastores ingresan como también lo hacen sacerdotes de otros credos.
“Cuando asumimos, nos encontramos con pabellones que ya eran evangélicos. Nosotros planteamos y permitimos una libertad de creencias. Lo que marcamos muy claramente, y por esto hemos tenido ya varias reuniones con los pastores, es cuáles son los límites. Las unidades están gestionadas por el Servicio Penitenciario, y es el Estado el que pone las reglas de lo que sucede en el interior de las unidades”.
Reglas y normas
Bufarini diferenció, de todos modos, las reglas que impone el Servicio Penitenciario de las “normas de convivencia”, que rigen en un pabellón.
“Evidentemente, el rezo es parte de una norma de convivencia de un pabellón donde todos profesan una religión, y es lógico que se plantee eso. Lo que queremos marcar muy claro son los límites de lo que puede hacer una creencia y de las obligaciones que un interno debe cumplir. Y eso es competencia del Estado. Me refiero a la educación, el trabajo, las salidas; ésas son todas obligaciones que debemos hacer cumplir, y la religión no puede ser un obstáculo”, especificó el funcionario.
Echegoy disintió de nuevo con el director general, y renovó la advertencia de que estas prácticas religiosas suman conversos a cambio de un mejor alojamiento.
“El interno busca un lugar seguro, pero se tiene que someter igual a otras reglas, como el rezo, y no hacen los trabajos habituales que sí hacen los demás presos. Los internos no pueden salir a estudiar ni a trabajar. Incluso, hay lugares donde no puede ingresar la Pastoral Carcelaria porque están los pastores evangélicos”, advirtió.
Bufarini volvió a relativizar las denuncias, y valoró el trabajo de los pastores.
“Así como tenemos un diálogo permanente con la Coordinadora o la Pastoral Penitenciaria, también lo tenemos con los pastores, porque son actores importantes. Y cuando hubo cuestiones que no nos parecieron correctas, las hablamos y se va delimitando constantemente qué corresponde a la religión, y allí no nos involucramos porque es una cuestión privada; y qué corresponde a la cosa pública, donde es el Estado el que debe intervenir”, explicó.
¿Canje?
El funcionario negó particularmente que se “negocien” mejores condiciones de alojamiento a cambio de sumar practicantes, y prefirió insistir con el análisis de la expansión del fenómeno evangelista en toda la sociedad.
“Lo que es real es que este fenómeno ha ingresado hace muchos años a las unidades penitenciaras, ha crecido y ha provocado que en algunas provincias haya cárceles completas donde tanto los presos como sus directores son evangelistas”, ejemplificó.
De todos modos, aclaró que es un fenómeno que excede a las unidades carcelarias.
“Si Ud. recorre las calles de Santa Fe o de Rosario va a encontrar una expansión del fenómeno evangélico por sobre la religión católica. Esta es una realidad. Y de la misma forma en que se ha expandido en la sociedad, se expandió en las unidades. Lo que es verdad, es que los niveles de convivencia en los pabellones son muy buenos, y eso hay que reconocerlo. Ellos (los pastores) hacen que uno pueda vivir, por supuesto, cumpliendo con determinadas obligaciones que implica su religión, pero con un nivel de convivencia muy bueno. No hemos tenido conflictos ni peleas ni lesionados en pabellones evangélicos. Y esto de alguna manera quizá tenga que ver con la forma de vida y con las cuestiones que se plantean ahí dentro”, concluyó.
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