lunes, 31 de diciembre de 2007

¿PODEMOS CONFIAR EN EL MÉDICO DE NUESTROS ADOLESCENTES?


Por Carmen camila



( AGENCIALAVOZ.COM ) PREGUNTA: El médico de nuestra familia quiere examinar a mi hijo de trece años sin que yo esté en el consultorio. Yo no tengo problemas con esto, pero espero de él que me comunique lo que dice mi hijo, y cuál es su estado de salud. En esto es en lo que no estamos de acuerdo. Él dice que tiene que mantener confidencial lo que hablen. ¿Tengo derecho a esperar que se me informe e involucre?


RESPUESTA: Es típico de los adolescentes el ser sensibles y modestos con respecto a su cuerpo, sobre todo cuando los padres andan cerca, de manera que puedo comprender la necesidad de intimidad durante un examen físico. Sin embargo, aquí el tema más importante es la responsabilidad del médico hacia usted como madre, y en este punto, estoy en completo acuerdo con la posición que usted ha tomado. Otros padres me han manifestado preocupaciones similares.
Me acuerdo de una madre que me dijo que había llevado a su hija de catorce años al pediatra para un examen físico de rutina. La madre estaba consciente de que su hija estaba comenzando a desarrollarse físicamente y podría darle vergüenza si ella estaba en el cuarto donde la examinarían. Así que, ofreció quedarse en la sala de espera, pero la niña puso reparos.
“No quiero entrar sola”, le dijo. “Ven conmigo, por favor”. Después de discutir con su hija por unos instantes, la madre accedió a acompañarla al cuarto.
Cuando se terminó el examen, el médico se volvió a la madre y la criticó por entrometerse. Le dijo frente a la niña: “¿Sabe una cosa? En realidad, usted no tenía por qué haber venido a este cuarto. Ya es hora de que yo me relacione de manera directa con su hija. Usted no debería saber ni siquiera cuál es el cuidado que yo le doy, ni el medicamento que le receto. Tampoco debería saber las cosas que hablamos entre nosotros. A partir de este momento, el cuidado que yo le dé a su hija debería ser algo privado entre ella y yo”.
La niña había pasado por un período de rebelión, y la madre sintió que los comentarios del médico estaban debilitando su autoridad. Era como si le estuviera diciendo: “Sus días como supervisora de su hija han terminado. Ahora, es ella quien debe tomar sus propias decisiones”. Gracias a Dios, esa madre no estuvo dispuesta a hacer lo que le fue dicho, y encontró enseguida otro médico. ¡Bien hecho!
He hablado de esta conversación con varios pediatras, y todos ellos han estado de acuerdo con el médico en este caso. Han insistido en que es importante que el jovencito tenga alguien con quien hablar en privado. Tal vez. Sin embargo, no estoy de acuerdo en la autonomía exigida por el médico. Los niños y niñas de catorce años no son adultos, y sus padres siguen siendo las personas que mejor pueden cuidar de ellos y supervisar su desarrollo. Aunque sea adecuado que un médico tenga algunos momentos en privado con un paciente joven, nunca debe olvidar ante quién es responsable.
Además de esto, si se le debe conceder mayor autoridad al médico, entonces será mejor que el padre o la madre averigüe qué cree éste acerca de los anticonceptivos para menores, las relaciones sexuales antes del matrimonio, las cuestiones espirituales y cosas semejantes. Tenga cuidado en cuanto a la persona que escoge para confiarle el cuerpo y el alma de su hijo. El ritmo de la vida se ha hecho hoy tan frenético, que nos hemos vuelto peligrosamente dispuestos a aceptar que nos reemplacen en la labor de ser padres una diversidad de profesionales que pasan por nuestra vida. Los educadores, ministros de jóvenes, entrenadores atléticos, instructores de música, sicólogos, consejeros y médicos están para ayudar a los padres en la labor de criar a sus hijos; nunca para reemplazarlos.

El chismoso aparta a los mejores amigos


Por Abigail Mirón



( AGENCIALAVOZ.COM ) Querida Cristina, mi hija en el Señor:En tu carta me dijiste: «Algunas mujeres en la congregación me cuentan cosas íntimas sobre ciertos miembros de la iglesia. Yo sé que la Biblia condena el chisme. ¿Cómo puedo distinguir si lo que me están contando es información necesaria o simplemente chismes? Y si son chismes, ¿qué hago?»Lo que expresas en tu carta es un problema bastante común, en forma especial para las esposas de pastores. Te felicito por haberlo discernido tan pronto en tu ministerio.


Una de las instrucciones que el apóstol Pablo da a las mujeres es que «ellas deben ser respetables, no chismosas» (1 Timoteo 3:11; Tito 2:3). Como esposa de un líder, debemos dar ejemplo y no ser chismosas. Pero para saber cómo mantener «la palabra siempre con gracia, sazonada con sal» (Colosenses 4:6), hagámonos algunas preguntas.1. ¿Qué es el chisme? No es fácil contestar esta pregunta y se requiere mucha sabiduría. Yo empleo la siguiente definición: «Es decir algo (aunque ese algo sea verdad) sobre una persona a otra persona que no tiene por qué saberlo». Es más, el chismoso, por regla general, agrega su propio tono al rumor y así cambia los hechos. 2. ¿Cuándo no conviene escuchar a esas personas que están diciendo algo sobre alguien? Valiéndonos de la definición mencionada, nunca debemos escuchar una queja sobre otro si no estamos en condiciones de producir cierta acción, es decir formar parte de la solución. Cuando una persona viene con un rumor, siempre es bueno tratarla como si a ella no le gustaran los chismes. 3. ¿Cuándo debo escuchar a lo que me están diciendo acerca de otros? Es preciso que escuchemos siempre y cuando podamos ser parte de la solución dando pasos para resolver el problema, por ejemplo, enviar a la persona a aquel con quien había tenido el problema, ir con la persona a la otra parte, o quizás hacer arreglos para que un anciano de la iglesia vaya con la persona a fin de tratar de resolver la situación.4. ¿Qué debo hacer con la persona que simplemente quiere hablar sobre otros? Esto no es algo nuevo. La iglesia del primer siglo sufrió por las mismas tonterías: «...aprenden a ser ociosas, andando de casa en casa; y no solamente ociosas, sino también chismosas y entremetidas, hablando lo que no debieran» (1 Timoteo 5:13).Lo que me ha dado grandes resultados es contestar algo como: «Seguir hablando sobre esto no sería de provecho ni para mí ni para ti porque no es asunto nuestro». 5. Cuando escucho un rumor, ¿qué debo hacer? La mejor forma de detener un rumor es encontrar la fuente, aquel que lo ha originado. Salomón conocía la importancia de dicha fuente: «Sin leña se apaga el fuego, y donde no hay chismoso, cesa la contienda» (Proverbios 26:20). Sin embargo, a veces la persona que anda en chismes no quiere decir quién comenzó con el chisme; si éste fuera el caso, niégate a escuchar. Una palabra de advertencia: El proceso de detener un chisme conlleva el peligro de ofender a algunos. Sin embargo, si estamos siguiendo principios bíblicos, la persona ofendida se ofende por su propio pecado y no por el nuestro. Por otro lado, Santiago explica la importancia de que el chismoso se arrepienta: «Si alguno de ustedes se desvía de la verdad y otro lo hacer volver, sepan ustedes que cualquiera que hace volver al pecador de su mal camino, lo salva de la muerte y hace que muchos pecados sean perdonados» (Santiago 5:19).6. ¿Hay maneras de contrarrestar el chisme? En vez de participar (pasiva o bien activamente) en un rumor, una manera de contrarrestar el chisme es simplemente hablar bien de la persona. El apóstol Pablo exhortó a los creyentes a no decir malas palabras, sino sólo palabras buenas que edificaran a la comunidad y fueran de beneficio a quienes escuchan (Efesios 4:29). En realidad, siempre es una buena idea decir cosas buenas y ciertas sobre las personas de quienes estamos hablando.7. ¿Por qué las mujeres acuden con chismes especialmente a las esposas de líderes? Puede ser humillante descubrir por qué la gente viene a nosotras con chismes. Podría ser que otros sepan que a mí me agrada el chisme, que lo escucho con agrado. ¿Quién no quiere alguna vez escuchar algo candente acerca de otro? «Las palabras del chismoso son como bocados suaves, y penetran hasta las entrañas» (Proverbios 18:8). Cuando la gente nos busca con los problemas de otros, podríamos sentirnos importantes y creer ser algo cuando en realidad me engaño y no soy nada (Gálatas 6:2). Desafortunadamente, la posición de liderazgo atrae a personas a quienes les gusta estar con gente importante, sentirse parte de un círculo selecto, y pensar que por ser parte de él, ellos también son importantes.Para resumir, mi consejo es: tener bien en mente qué es un chisme; no difundir ni escuchar chismes; intentar siempre encontrar la fuente de un rumor y frenarlo; hablar bien de los demás. Y sobre todo, mi querida Cristina, «sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno» (Colosenses 4:6).

La contaminación oscurece el planeta


EE.UU-. ( AGENCIALAVOZ.COM ) Los investigadores del clima consideran que durante los últimos 50 años la radiación solar que llega a la tierra ha disminuido en un 10%, efecto que trae innumerables consecuencias para el medio ambiente como la reducción de lluvias, la disminución de la temperatura atmosférica y la alteración en el proceso de fotosíntesis, …
haciendo que las plantas procesen menos cantidad de gas carbónico CO2, uno de los agentes causantes del calentamiento global por lo que este tendería a aumentar.


El oscurecimiento global o efecto Espejo como se conoce más comúnmente este fenómeno, se da por la contaminación de combustibles, por la utilización de aerosoles, por la actividad industrial, y hasta por causas naturales como erupciones volcánicas y los incendios forestales que despiden partículas como hollín y ceniza que se acumulan en las nubes y las contamina.
La acumulación de dichas partículas hacen que se concentren aun mas las gotas de lluvia de lo normal, lo que ocasiona que la luz solar quede atrapada y no pase al interior de la superficie terrestre creando un fenómeno de reflexión devolviendo la luz al espacio exterior. Según estudios realizados esto ha aumentado la luminosidad de la tierra hacia al exterior en un 4% con relación a épocas pasadas.
Lo verdaderamente preocupante de este fenómeno del que no se ha hablado mucho, es que el hecho de que no traspase la luz suficiente, hacia la tierra, ocasiona que la temperatura ambiental tienda a bajar, lo que hace menos notorio los verdaderos alcances del calentamiento global y el efecto invernadero.
Otro de los efectos del oscurecimiento global provocados por la falta de luz adecuada es el efecto que ocasiona en el proceso de vaporización del agua que no se desarrolla de forma apropiada, por lo que las nubes no se cargan, aminorándose de esta manera las precipitaciones necesarias para la agricultura y acrecentando las sequías en el mundo, Asegura Ferry Stanhill especialista en sistema de regadíos en Israel.
Según algunos especialistas del Instituto Federal de Tecnología Suizo en Zurich, entre el calentamiento global que provoca lluvias en zonas húmedas y sequías en las áridas y el oscurecimiento global que disminuye las lluvias y la transformación de CO2, se esta poniendo en grave peligro los ecosistemas y la vida del ser humano en el planeta tierra.
Por ello es pertinente que los gobiernos y la sociedad adquieran conciencia y se creen mecanismos industriales más favorables y nobles con el medio ambiente, que no se basen solo en la capitalización del sistema sino también lo hagan pensando en la perdurabilidad y existencia de una naturaleza sana, pues en ultimas la tierra tiene todo el tiempo para regenerarse, tiempo del que no dispone el hombre. Señalan estos especialistas dirigidos por el científico Suizo Martin Wild.

EL FIN DEL MUNDO



Por Carlos Rey



( AGENCIALAVOZ.COM ) Esta sería la última oportunidad, así que había que aprovecharla. Uno de ellos derrochó en una sola parranda corrida los ahorros de varias generaciones de su familia. Otros insultaron a quienes hacía tiempo habían querido ofender, y besaron a quienes por muchos años habían deseado manifestarles su amor. Pero todos acabaron confesándose. Tantos hubo que el sacerdote del pueblo tuvo que atenderlos por orden de prioridad.


Primero confesó a las embarazadas, porque contaban por dos, luego a las que acababan de dar a luz, y así sucesivamente. El pobre párroco pasó tres días y tres noches clavado en el confesionario, hasta que cayó desmayado bajo el peso de los pecados de su pueblo.
Después de mucho hacerse esperar, llegó la medianoche del último día del siglo diecinueve y la gente se dispuso a bien morir. Nadie dudó de que había llegado el fin del mundo. Sin respirar, con los ojos cerrados y los dientes apretados, todos los habitantes del pueblo de San José de Gracia escucharon, una tras otra, las doce campanadas de la iglesia, convencidos de que la última anunciaría el fin. 1
¿A qué se debió la exagerada actitud de aquellas personas? El historiador uruguayo Eduardo Galeano nos da a entender que era porque creían en la ira de Dios, que se había ido acumulando desde la fundación del mun­do. Pero luego comenta que «los habitantes de San José de Gracia continúan en las mismas casas, viviendo o sobreviviendo entre las mismas montañas del centro de México, para desilusión de las beatas, que esperaban el Paraíso, y para alivio de los pecadores, que encuentran que este pueblito no está tan mal, al fin y al cabo, si se compara» con otros. 2
Lo triste es que si comparáramos a nuestros pueblos en la actualidad, concluiríamos que abundan las personas que andan mal porque le temen a Dios sin conocerlo. San Juan afirma que Dios es amor, y que nos ha manifestado ese amor precisamente para que en el día del juicio podamos comparecer ante Él con toda confianza. Y luego nos explica que en el amor no hay temor, sino que el amor de Dios echa fuera el temor. De modo que, para evitar temerle a su castigo, hace falta que nos apropiemos de su amor. 3
¿No será por ese amor que Dios no ha acabado con el mundo pecador de una vez por todas? Después de citar a los que se burlan de Dios alegando que nada ha cambiado desde el principio de la creación, San Pedro nos explica que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. Por lo tanto, no es que Él se esté tardando sino que tiene paciencia con nosotros, «porque no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan». 4 Más vale que aprovechemos esa paciencia y nos arrepintamos. Mientras haya tiempo, correspondámosle a su amor para que así, venga cuando venga, estemos preparados para el fin del mundo.
1
Luis González, Pueblo en vilo: microhistoria de San José de Gracia (Zamora, Michoacán: El Colegio de Michoacán, 1995), pp. 100-03.
2
Eduardo Galeano, Memoria del fuego III: El siglo del viento, 5a ed. (Madrid: Siglo XXI Editores, 1987), p. 3.
3
1Jn 4:16-18
4
2P 3:4‑9

 
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