Dr James Dobson
( AGENCIALAVOZ.COM ) El llanto de los niños es una forma importante de comunicación. Por medio de sus lágrimas nos enteramos de que tienen hambre, están cansados, se sienten incómodos, o ha llegado la hora de cambiarles el pañal. Así que es muy importante poner atención a esas llamadas de auxilio e interpretarlas correctamente.
Por otra parte, su pediatra tiene razón. Es posible crear un niño intranquilo y exigente, si uno corre a levantarlo cada vez que se queja o llora. Los niños pequeños son completamente capaces de aprender a manipular a los padres a través de lo que se llama un proceso de estímulo, por medio del cual se originará una tendencia a que toda conducta que produce un resultado agradable sea repetida. Por eso, un niño saludable puede mantener a su madre brincando de un lado a otro de su habitación, doce horas del día (o de la noche), con sólo dar unos chillidos. Para evitar esto, es importante que usted logre un equilibrio entre prestarle a su hija la atención que necesita y establecerla como una pequeña dictadora. No tenga temor de dejarla que llore por un tiempo razonable (lo cual se cree que es saludable para los pulmones), aunque es necesario que usted se mantenga atenta al tono de su voz para que distinga la diferencia entre el descontento sin motivo y la angustia genuina. La mayoría de las madres aprenden a distinguir esto con el tiempo.
Cuando mi hija era pequeña, yo me paraba afuera de la puerta de su habitación por unos cuatro o cinco minutos sin que ella me viera, dándole un momento de tregua en el llanto, antes de acercarme a su cuna para levantarla. Al hacer esto, estaba reforzando la quietud en vez de las lágrimas. Quizás usted quiera intentar el mismo método.
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