jueves, 24 de junio de 2010

Más del 60 por ciento de los niños y adolescentes son pobres


CHILE.- ( AGENCIALAVOZ.ORG ) Cerca del 63 por ciento de los niños y adolescentes de Latinoamérica y el Caribe sufre algún tipo de pobreza, determinada por las privaciones que afectan el ejercicio de sus derechos y por el nivel de ingresos de sus familias, según un adelanto difundido el martes sobre un estudio de la Cepal y Unicef.



En el estudio de la Comisión Económica de América Latina y el Caribe (Cepal) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), postulan que la medición de la pobreza implica considerar pobre a un niño ante el incumplimiento de al menos uno de sus derechos humanos, económicos, sociales y culturales.
``La pobreza infantil: un desafío prioritario'', como se denomina la investigación, midió múltiples dimensiones de la pobreza infantil en América Latina y el Caribe, vinculando cada una al cumplimiento o no de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño.
Los autores Ernesto Espíndola y María Nieves Rico, de la División de Desarrollo Social de la Cepal, anticiparon algunos de los resultados del estudio realizado por ese organismo y la Oficina Regional de Unicef entre los años 2008 y 2009.
El análisis, que será dado a conocer próximamente, tomó en cuenta factores como la nutrición, acceso a agua potable, conexión a servicios de saneamiento, material de vivienda y número de personas por habitación.
Además, contempla la asistencia a la escuela y años de escolaridad, así como la tenencia de radio, televisión o teléfono y acceso a electricidad, cuya privación contribuye a un cuadro de pobreza y exclusión social.
También el estudio consideró el nivel de ingresos de sus hogares y la capacidad potencial de que estos recursos puedan satisfacer sus necesidades básicas.
``La pobreza infantil total es una expresión de la exclusión social y el mecanismo por medio del cual esta se reproduce. Si bien los niños que están en situación de pobreza moderada no sufren un deterioro serio en sus condiciones de vida, ven mermadas sus oportunidades futuras'', señalaron Espíndola y Rico.
Cuando los niños se hagan adultos reproducirán la precariedad en su bienestar y, por tanto, afectarán a las generaciones siguientes.

 
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