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| El ex-transexual Walt Heyer: "Conocio la verdad y la verdad lo hizo libre." |
ESPAÑA-.(AGENCIALAVOZ) El ex-transexual Walt Heyer escribe a
Tempi.it sobre el caso de la transexual de 44 años que obtuvo el permiso legal
para practicarse la eutanasia en Bélgica porque después del cambio de sexo
se sentía «un monstruo».
«Es una locura pensar que se puede
“curar” la depresión de un transexual con el suicidio asistido». Walt
Heyer, que ha vuelto a su identidad masculina después de haber vivido ocho años
como mujer, ha dedicado su vida a la ayuda de los transexuales que viven en el
sufrimiento.
Heyer quedó desconcertado al concoer el trágico caso de
Nancy Verhelst, la mujer belga que, pocos meses después de la operación
quirúrgica de construcción de pene que la había transformado definitivamente en
el transexual Nathan, había pedido y obtenido la eutanasia por inyección letal
porque se sentía «un monstruo».
No se nace
transexual«No estoy de acuerdo con los titulares de la prensa que
dicen que Nancy/Nathan ha muerto por un cambio de sexo fracasado», sostiene
Heyer en un comentario escrito para Tempi.
«El hilo común que me ha sido
referido más a menudo por personas que han cambiado de sexo, y se han
arrepentido, es una infancia atormentada que no les ha permitido desarrollar
adecuadamente su identidad sexual de nacimiento.
Los transexuales no
nacen transexuales. Los transexuales se desarrollan a partir de problemas
evolutivos infantiles provocados por profundas heridas
emotivas».
Infancia
DolorosaHeyer recuerda que «Nancy había nacido mujer y se había
convertido en un hombre de nombre Nathan porque su madre la había
rechazado desde el nacimiento». Fue ella misma – recuerda el autor de
Paper Genders (Sugarco) – quien lo explicó al periódico flamenco Het Laatste
Nieuws poco antes de morir:
«Mis hermanos estaban mimados, yo en cambio
recibí como habitación un trastero encima del garaje. “Si hubieras sido un
chico...”, se lamentaba mi madre».
Heyer se ha quedado asombrado del
«corazón de hielo» de la madre de Nancy/Nathan (según la prensa belga «había
afirmado: “No me interesa su muerte por eutanasia”»), y está convencido que para
entender las razones de una elección tan extrema
no basta inculpar a «un
cambio de sexo fracasado», sino que hay que profundizar en
«el
trauma causado por el abuso emotivo y el abandono de los padres».
Según Heyer «no se tarda mucho en llegar a la conclusión de que esta
mujer había mutilado su cuerpo para convertirse en un hombre con la intención de
ser aceptada, y cuando fracasó porque no consiguió ganar el amor de su madre,
Nancy/Nathan imploró que la mataran».
Asesoramiento y ayuda a otros
transexualesGracias a su actividad de asesoramiento y a través de su
blog (
www.sexchangeregret.com), Heyer tiene cada día
contacto con transexuales de todo el mundo.
Sabe lo que dice; por eso
sostiene que
«más del 40 por ciento de los transexuales intentan el
suicidio durante su vida», que igual que en el caso de Nancy/Nathan «se
trata de personas deprimidas» y que, por lo tanto, «las intervenciones de cambio
de sexo no pueden resolver un trauma emotivo» que se remonta la mayoría de las
veces a problemas experimentados en la infancia.
«Mi vida – cuenta Heyer
– sigue el mismo esquema. Nacido hombre, quería huir de una infancia dolorosa.
Me sometí al cambio de sexo y he vivido como mujer, Laura
Jensen, durante ocho años. He estudiado profundamente el manifestarse y
posterior desarrollo de sentimientos relacionados con el deseo de cambiar de
sexo, y he descubierto que la infancia es el terreno de cultivo en el que este
deseo tiene origen".

Heyer, autor de libros como
Gender, Lies and
Suicide ("Género, mentiras y suicidio") apostilla: "
He trabajado
durante muchos años con transexuales turbados y arrepentidos de su
transición, y cada uno de ellos me ha contado el trauma de su infancia que
estaba en la raíz de su deseo de cambiar de sexo».
Nadie quiso
salvarlaInsiste Heyer: «Esta no es una historia de eutanasia, y
tampoco de una operación de cambio de sexo fracasada. No. Es la historia de la
falta de reconocimiento de problemas evolutivos infantiles en personas que
presentan problemas de identidad sexual, y de la falta de comprensión del hecho
que
la cirugía no podrá ser nunca el tratamiento eficaz para algunos
trastornos psicológicos».
Lástima que la pobre mujer belga no
haya tenido a su lado personas que hubieran decidido ayudarla de verdad:
«Desgraciadamente, Wim Distelmans,
el oncólogo que ha ayudado a Nathan a
morir, no era un psicólogo que trabajaba para salvarle la vida»,
concluye Heyer.
Ese medico «trabajaba, en cambio, para justificar su
muerte», desde el momento en que su principal preocupación ha sido la de
explicar al mundo que «la elección de Nathan Verhelst no tiene nada que ver con
el cansancio de vivir» y que «respondía a los requisitos establecidos por la
ley».