BRASIL.-(AGENCIALAVOZ) Río de Janeiro ha atraído la atención del mundo al recibir la Jornada
Mundial de la Juventud de 2013, la Copa del Mundo de 2014 y está listo
para acoger los Juegos Olímpicos de 2016. Mientras el foco de atención
estaba en la Ciudad Maravillosa, una mujer salvó a más de 3.000 niños
condenados al aborto en las
favelas de la Baixada Fluminense, prácticamente sin ninguna atención, ni siquiera de su propio país.
Todo comenzó de manera simple, hace 23 años.
Maria das Dores Hipólito Pires, mejor conocida como
Dóris Hipólito, llevaba una vida relativamente confortable como profesora de historia y geografía.
La
dirección de la escuela donde ella enseñaba le pidió que ayudara a
algunas chicas que estaban sufriendo las consecuencias devastadoras de
haber abortado. Dóris juntó material provida para
intentar ayudar a aquellas muchachas y difundió el material y la misión
entre otros parroquianos. Poco tiempo después,
sintió la moción
interior de promover un rosario público el día 13 de cada mes, ocasión
para distribuir también folletos provida. El pequeño grupo formado por Dóris
comenzó
a ayudar, en las periferias y favelas, a las mujeres que pensaban que
no tenían ninguna alternativa que no fuera abortar.
Aunque el aborto sea ilegal en la mayoría de los casos en Brasil,
existen muchas “clínicas” que los realizan ilegalmente en la Baixada
Fluminense, una región con 3 millones de personas y con muchas carencias
sociales.
Dóris va a la puerta de esas “clínicas” e
intenta hablar con esas madres, muchas de las cuales son
farmacodependientes y/o están sufriendo mucha presión por parte de
terceros para abortar. Ella las incentiva para que tengan a sus
hijos, ofreciéndoles apoyo para continuar el embarazo y,
principalmente, para transformar sus vidas.
Hace ocho años, Dóris dio un paso muy valiente con el apoyo de su familia:
dejar el trabajo y trabajar a tiempo completo con aquellas mujeres desesperadas.
En
2007, encontró a un mujer sin casa, embarazada, con deficiencias
físicas y mentales, que vivía debajo de un puente. Dóris rentó una
pequeña casa para cuidarla. No tardó nada en que apareciera en la casa
una segunda mujer embarazada también agobiada por las necesidades extremas.
Y otra, y otra, y otra más. Dóris entonces estableció formalmente la Casa de Amparo Provida. Además de mantener un lugar seguro y lleno de cariño para cuidar de esas mujeres y sus hijos, Dóris ayudó a montar
centros provida en iglesias locales para que las mujeres embarazadas contaran con más asistencia.
Tanto en estos centros como en la Casa de Amparo, las mujeres
embarazadas encuentran formación profesional, atención médica y un lugar
donde trabajar y vivir con dignidad, resolviendo las necesidades de los
bebés.
Muchas de las mujeres que Dóris recibió se volvieron voluntarias
en este mismo trabajo. La hija de una de las mujeres que ella ayudó
hace veinte años es hoy voluntaria en la acogida y el cuidado de otras
mujeres en situación de gran vulnerabilidad.
La presión política
va en aumento en Brasil para que el aborto libre sea legalizado en el
país. Existen grupos de ideología feminista radical que trabajan contra
la acción provida realizada por Dóris. Ella ya recibió amenazas por
teléfono, incluso
amenazas de muerte.
Una mujer
que fue a inspeccionar la Casa de Amparo vio fotos de los niños que
fueron salvados del aborto y exclamó: “Esta casa nunca debería haber
existido”.
Hoy, Dóris y su familia confían en
Dios
para proveer sus necesidades y las de todas las personas que son
atendidas en la Casa de Amparo. Ella espera ampliar las instalaciones y
ya cuenta con la donación de un terreno, pero el proyecto está
paralizado por falta de fondos.
Aun con sus limitaciones, Dóris ya fue testigo del triunfo de la vida de
160 niños que fueron salvados de abortos ilegales sólo este año.
Dificultades aparte, Dóris continúa firme, apoyada en Dios y en la
fuerza de la esperanza que irradia del rostro de los bebés retratados en
su pared. Y cuando las cosas son particularmente difíciles, ella se
dice así misma:
“Los poderosos me pueden demostrar su poder, pero los bebés me muestran el paraíso”.