miércoles, 23 de enero de 2008

Dios nunca nos abandona


Por James Dobson


EE.UU-. ( AGENCIALAVOZ.COM ) Tal vez no tenga palabras para describir lo que les sucede a los que son fieles en los momentos de crisis personal. Es casi imposible de expresar. Sencillamente diré que con frecuencia hay en medio del caos una tranquila conciencia de que el Señor está presente y sigue teniendo el control de todo.


Son millones las personas que han afirmado haber sentido esta persistente presencia cuando la vida se les estaba destrozando sistemáticamente. En otras ocasiones, Él permite que veamos evidencias de su amor en el momento crítico de necesidad.
Aún recuerdo hoy aquel momento trágico de 1987 en que murieron cuatro buenos amigos míos en un accidente en un avión privado. Habíamos estado juntos la noche anterior, y yo había orado por su seguridad en el viaje de vuelta a sus hogares. Ellos salieron a la mañana siguiente temprano hacia Dallas, pero nunca llegaron allí. Nunca me olvidaré de aquella llamada telefónica en la que dijeron que habían encontrado el avión en un cañón remoto, pero no había sobrevivientes. Yo amaba como hermanos a aquellos hombres, y estaba consternado con su pérdida.
Dos de las familias me pidieron que hablara brevemente en el funeral de su ser amado. La muerte temprana de unos hombres tan llenos de vida y tan profundamente amados parecía gritar pidiendo una explicación. ¿Dónde estaba Dios mientras ellos morían? ¿Por qué permitió que sucediera aquello? ¿Por qué les había arrebatado a sus familias unos hombres tan consagrados a Dios, dejándolas tambaleándose en la angustia y el dolor? No había respuestas para estas dolorosas preguntas, y yo no traté de darlas. En cambio, dije que Dios no había perdido el control de sus vidas, y que quería que nosotros confiáramos en Él incluso cuando nada parecía tener sentido. Su presencia estaba muy cercana.
Al salir ese día de la iglesia, me quedé hablando con los seres amados y los amigos que se habían reunido para despedirlos. De pronto, alguien señaló al cielo y exclamó: “¡Miren eso!” Suspendido directamente sobre la torre de la iglesia había un pequeño arco iris con la forma de una sonrisa. Ese día no había llovido, y sólo había unas pocas nubes. Sin embargo, había aparecido aquel hermoso y pequeño arco iris sobre la iglesia. Más tarde supimos que había estado suspendido allí durante la mayor parte del servicio fúnebre. Era como si el Señor les estuviera diciendo a las esposas y los hijos en medio de su dolor: “Tengan paz. Sus hombres están conmigo, y todo está bien. Yo sé que ustedes no lo comprenden, pero quiero que confíen en mí. Voy a cuidar de ustedes, y este arco iris es una señal para que lo recuerden”.
Una de las personas que se hallaban allí tuvo la serenidad necesaria para tomar una foto en aquel momento. Cuando la revelaron, vimos lo que nadie había reconocido antes. Allí, situado hacia el centro del arco iris, había un pequeño avión privado.
Los escépticos y los incrédulos dirán que el arco iris y el avión son coincidencias sin importancia espiritual alguna. Tienen derecho a opinar. En cambio, para todos los miembros de aquellas cuatro familias angustiadas, y ciertamente para mí también, el Señor usó ese fenómeno para darnos paz. Él ha cumplido su promesa de cuidar de esas cuatro valientes viudas y de sus hijos.
Hay otros ejemplos que me encantaría compartir. Sandra Lund y su familia sobrevivieron al huracán Andrés en el sur de la Florida porque pasaron la noche en un refugio. A la mañana siguiente, cuando regresaron a su casa, se lo encontraron todo destruido, con excepción de algunas paredes interiores. Mientras caminaba desconcertada entre los escombros, Sandra se encontró una nota que ella misma había pegado con cinta adhesiva en lo que había sido la cocina. Aún estaba en su lugar, y decía: “Pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación”. En la pared del cuarto de baño que quedaba en pie había otro versículo que ella había puesto allí: “Alabad a Jehová, porque él es bueno”. Sandra entendió el mensaje.1
Los ejemplos de la presencia de Dios y la seguridad que Él da en momentos de tragedia podrían llenar muchos libros. Ésta es la promesa que hallamos en la Biblia: “Con todo, yo siempre estuve contigo; me tomaste de la mano derecha. Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria. ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre” (Salmo 73:23-26).

 
Design by Free WordPress Themes | Bloggerized by Lasantha - Premium Blogger Themes | Blogger Templates