domingo, 3 de febrero de 2008

Mi otra familia


Por Roselyn Vargas Corrales



( AGENCIALAVOZ.COM ) Frecuentemente escuchamos a las personas expresarse diciendo: “cuando una persona se casa, se casa también con la familia de su cónyuge”. Hasta cierto punto esto puede ser así, ya que las relaciones que se desarrollen con la familia política, ya sean buenas o malas, pueden afectar la relación de pareja y el desarrollo de la nueva familia.


El unirnos a una persona implica, entre otras cosas, empezar a formar parte de un grupo familiar más extenso: la familia política, que con sus características, costumbres y estilo de vida, tienen un lugar especial en la vida de nuestro cónyuge. De esta forma, sus opiniones, y en general su dinámica, son elementos importantes para la pareja. No debemos olvidar que nuestro primer referente social consiste en la familia de origen y personas más cercanas en las etapas tempranas del desarrollo. Son estas personas las que han influido significativamente en nuestra vida, y que continúan ocupando un lugar importante en términos de las decisiones y formas de comportamiento que adoptamos. Por lo tanto, debemos esforzarnos por entender, aceptar y apoyar a nuestro esposo o esposa en la relación con su familia de origen. Al formar un nuevo hogar, es importante desprenderse y dejar de depender de los padres, hermanos, etc., para propiciar la construcción de la familia recién constituida, a fin de que esta adquiera un carácter único en valores, costumbres y tradiciones. Sin embargo, dejar de depender no debe ser sinónimo de alejarnos completamente de nuestras familias de origen, por el contrario, es importante cultivar y mantener vivos los lazos, después de casados. Las relaciones sanas con la familia extensa crean estabilidad en la nueva pareja, al desarrollar la capacidad de asumir las nuevas responsabilidades con la libertad de decisión y acción de los nuevos esposos, y con el apoyo y acompañamiento de los padres y hermanos de cada miembro de la pareja.Con frecuencia las parejas que acuden a terapia psicológica o consejería, manifiestan problemas relacionados con malos entendidos, los cuales, en ocasiones, devienen de relaciones inadecuadas con la familia extensa. Es posible que estas situaciones respondan a diferencias relacionadas con las costumbres y dinámica de la familia del cónyuge. No obstante, si su deseo es mantener relaciones armoniosas con sus suegros y demás familia política, es necesario hacer un esfuerzo por mantener el respeto que estas personas se merecen y el lugar que tienen en la vida de su cónyuge. Es crucial entender que tanto la familia nuclear como la familia extensa cumplen con roles diferentes en la vida de las personas. Ambas son de gran importancia para la vida de cada miembro de la pareja. No debemos olvidar que “la familia” es, ante todo y sobre todo, nuestra pareja e hijos; sin embargo, también se deben valorar adecuadamente las relaciones con la familia extensa, y fortalecer el respeto, la ayuda y el apoyo que se recibe de ella o se brinda a la misma.Relaciones adecuadas con la familia de origen La familia de origen es una parte importante de la nueva familia, pero ahora deben de existir diferencias importantes en las relaciones cotidianas con ellos. Al iniciar una etapa de la vida debe de existir independencia de los padres, ya que se necesita contar con la posibilidad de formar y desarrollar nuevas costumbres y actitudes que van a ser únicas y especificas para el nuevo proyecto de vida que se inicia al contraer matrimonio.Es importante que la familia de origen siga sintiendo y sabiendo que es parte de nuestra vida, pero con la distancia apropiada para que la pareja pueda tomar decisiones y acciones. La nueva familia necesita experimentar estos procesos para poder crecer como tal. En algunos casos los padres pueden sentir ansiedad o temor de que los hijos se distancien de ellos y, para evitarlo o aliviar este temor, recurren a quejas o acciones que hacen sentir a sus hijos culpables de no lograr un sano equilibrio entre su nueva familia y la de origen. En estas situaciones es importante que sea el propio hijo o hija, y no el yerno o la nuera, quien trate de poner límites a sus padres. Así también, no se debe ceder a esas presiones, si se considera que realmente son injustificadas.
¿Qué hacer para llevarnos bien con la familia política y de origen?
Lo ideal al iniciar una nueva familia es poder mantener una buena relación con ambos grupos familiares, lo que evitará problemas y discusiones entre la pareja, y hará que el ambiente en que la nueva familia crezca sea más independiente y libre de presiones externas. Al principio se puede establecer la distancia apropiada, que les indica a los familiares cuánto se les ama y valora, pero al mismo tiempo trasmitir la necesidad de que la nueva familia pueda tener espacios de intimidad, de crecimiento y, hasta inclusive, de discusión. Con el tiempo lograremos, con mayor facilidad, continuar con una relación que propicie espacios para recibir apoyo y acompañamiento, como también para dejar a los esposos equivocarse y salir adelante de situaciones difíciles.
A continuación se exponen una serie de sugerencias:
1. Es positivo mantener siempre una actitud correcta, guiada por el respeto hacia las costumbres y forma de vida de cada uno.
2. La tolerancia es otra virtud que debemos desarrollar.
Se debe ser paciente ante las situaciones de conflicto que se puedan presentar, así como manejar adecuadamente las discusiones o roces que puedan afectar la relación. En este esfuerzo por mantener una relación sana, es primordial distinguir entre algo que se puede dejar pasar, o solucionar en otro momento, con lo que enfáticamente nos ofende o falta el respeto. En estos casos, es recomendable hacerle saber a la familia política que esta situación no se tolerará. Si es necesario, háblelo con su pareja para que ambos, con respeto y asertividad, traten de solucionarlo directamente con los familiares involucrados.
3. Trate siempre de que, tanto usted como su pareja, tengan una relación fluida y natural con la familia de origen de ambos, sin que usted tenga que estar presente en todo momento. No olvidemos que, en la mayoría de los casos, hay personas que tienen una relación muy estrecha o de amistad con sus padres y hermanos. Si esto es un valor que desea enseñar a sus hijos, la manera más efectiva de hacerlo es por medio del modelo que ven en sus padres y familiares.
4. La comparación es una práctica que debe omitirse por completo, más aun si es la comparación de la propia familia con la de la pareja. Ninguna es mejor que la otra, y recuerde siempre que usted se enamoró de una persona que ha crecido y ha sido educada con los valores y costumbres de su familia política.
5. En cuanto a la familia de origen, valore la posibilidad, si es necesario, de establecer límites claros con sus padres. No consienta el hecho de que tomen decisiones que les correspondan a ustedes. Recuerde siempre que ahora la responsabilidad es suya y no de otra persona. Acláreles lo importante que es hacer las cosas por ustedes mismos, sin que eso signifique dejar la relación de gran valor que se tiene con ellos. Hágales saber que, aunque usted valora mucho su opinión y sabiduría, hay temas o situaciones en los que no deben –y usted no desea- que intervengan.

 
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