IRAK.- ( AGENCIALAVOZ.ORG )La lupa de la información internacional que suele enfocar los conflictos del Oriente Próximo y la amenaza del terrorismo global, raramente se fija en una de las mayores quiebras de la dignidad de los Derechos Humanos en este momento: la persecución de los cristianos en Irak, que representa una de las dificultades principales para la paz en esa zona, una paz deseada por los hombres que confiesan sinceramente al Dios único.
Organizado por Ayuda a la Iglesia Necesitada se ha celebrado un encuentro entre dos obispos iraquíes y el Presidente de la Unión Europea, Hermann van Rompuy. Los obispos de Erbil y Mosul han tenido la oportunidad de explicar de primera mano la total carencia de libertad religiosa que se vive en su país. El alto representante europeo ha insistido en que los Veintisiete reconocen que la libertad religiosa es un derecho fundamental de todos los seres humanos que debe ser protegido “en todas partes”, y ha recordado la responsabilidad de las autoridades nacionales “proteger a sus ciudadanos, incluyendo a los que pertenecen a minorías religiosas”.
Pero la persecución en la antigua Mesopotamia está inmersa en un sistema político y jurídico que, como ocurre en el caso del artículo tres de la Constitución iraquí, concede la primacía al derecho Islámico, la Sharía. Con esos fundamentos va a ser muy difícil que las nuevas autoridades iraquíes cumplan su obligación de defender a la minoría cristiana.
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