martes, 28 de agosto de 2012

Jesuitas "Caviares" toman posición por intereses terrenales



PERU.-(AGENCIALAVOZ)La Compañía de Jesús, una de las órdenes religiosas más grandes del país, rompió su silencio hace unos días con su llamado a un acuerdo entre la PUCP y el arzobispo de Lima. Por si fuera poco, monseñor Luis Bambarén, uno de sus miembros más destacados, criticó a la Conferencia Episcopal por haber respaldado a Juan Luis Cipriani en este conflicto. Queda claro que no toda la Iglesia está del lado del cardenal.

Fueron dos cartas, enviadas al mismo destinatario –el presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, Salvador Piñeiro– con apenas tres días de diferencia. Según fuentes del interior de la Iglesia, sus autores no tuvieron ningún tipo de coordinación entre ellos. La primera fue escrita por el Provincial de la Compañía de Jesús en el Perú, el padre Miguel Cruzado. La segunda, por monseñor Luis Bambarén, probablemente la figura más destacada de la comunidad jesuita peruana. El tono de ambas es distinto. Mientras la primera invoca a la PUCP y al arzobispo de Lima a retomar el diálogo, la del obispo emérito de Chimbote es una dura recriminación a Piñeiro por haber roto la neutralidad en el conflicto.

Pero con todas sus diferencias, las dos misivas salidas del seno de la Compañía de Jesús pueden tener una misma lectura: en el conflicto con las autoridades de la PUCP, no toda la Iglesia se ha alineado detrás de Juan Luis Cipriani, como quiere hacer creer a todos el cardenal de Lima. Hay un sector importante que, con matices, tiene una posición propia. Los jesuitas han sido los primeros en dejarlo en claro. Pero, probablemente, no serán los únicos.

No someterse a Cipriani

La carta enviada por Bambarén ha sido la más mediática, por el tono de reconvención que emplea al dirigirse al presidente de la Conferencia Episcopal Peruana (CEP) y por la importancia pública de su autor. “Obediencia y fidelidad plena al Vicario de Cristo [el Papa] y a nuestra Iglesia, SÍ. ¡Yo por esto daría la vida! Pero fidelidad al Gran Canciller [Cipriani] y sometimiento de toda nuestra Conferencia a su conducción en el caso PUCP, NO”, dice en uno de sus pasajes más enfáticos.

Bambarén también considera “lamentable” y “penoso” el comunicado que el Consejo Permanente de la CEP publicó el miércoles 8 de agosto. “Lo que era un problema local entre arzobispo y PUCP ha pasado a ser de la Iglesia, que antes fue marginada y ahora es instrumentalizada en daño del pueblo de Dios”, dice.

Como se recuerda, en ese comunicado la CEP respaldó a Cipriani “ante las infundadas acusaciones y agravios que ha recibido” de parte de las autoridades de la universidad. Ese pronunciamiento, y otro que en similares términos publicó monseñor Piñeiro dos semanas antes, parecieron estar motivados por el jalón de orejas que les dio el secretario de Estado del Vaticano, cardenal Tarcisio Bertone, a mediados de julio, cuando pidió a los obispos peruanos que no se dejen “instrumentalizar” por el rector Marcial Rubio.

Sea como fuere, la actitud de sumisión hacia Cipriani adoptada por el presidente de la CEP exasperó a Bambarén y lo llevó a escribir su carta y a enviársela a Piñeiro el miércoles 15. En entrevista concedida a La República, este viernes, él afirmó, incluso, que esta semana varios obispos le agradecieron que hubiera expresado lo que muchos de ellos piensan, pero que no pueden decir por estar obligados a respetar la jerarquía eclesiástica: “Lucho, lo que pasa es que tú eres libre y puedes hablar”.

La voz de los jesuitas

La carta del padre Miguel Cruzado no es a título personal, como la de Bambarén, sino que representa de manera oficial a la Compañía. Constituye un llamado a que se reanude el preacuerdo alcanzado el 31 de marzo. “El objetivo es pedir a nuestros obispos que se retome el diálogo, recordando que un acuerdo es posible porque se ha estado muy cerca de llegar a él”, explicó a DOMINGO el Provincial de los jesuitas en un correo electrónico.

Precisamente porque es oficial, la misiva contó con la anuencia del prepósito general de la Compañía de Jesús, Adolfo Nicolás, quien vive en Roma y es vecino del Papa. Cruzado, además, consideró conveniente remitir copias de la carta a Tarcisio Bertone, el secretario de Estado; a Gerhard Müller, prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe; y a Zenon Grocholewski, el prefecto para la Congregación para la Educación Católica.

Una fuente cercana a la orden, que prefirió que no se le identificara, explicó por qué a los jesuitas les parece importante el preacuerdo: “(Allí) están recogidas todas las exigencias de la Iglesia: en materia de nombramiento del rector y administración de bienes, así como en el reconocimiento de su identidad religiosa”. La fuente dijo que no entienden por qué el preacuerdo no se concluyó. “Había sido aprobado entre los abogados del arzobispo y las autoridades de la Católica. Pero nunca llegó a ser refrendado por el arzobispo. Se llegó al acuerdo una tarde, se esperó que el arzobispo lo confirme, pero la confirmación nunca llegó. Lo que llegó fue su rechazo a concluir los juicios y fue a través de una entrevista a un diario”, dijo.

En la carta de Cruzado, los jesuitas se cuidan de no mostrarse partidarios ni del rector Rubio de Cipriani.

Por un lado, resaltan su vínculo histórico con la PUCP –han aportado dos rectores y numerosos catedráticos y pastores– y, por el otro, se declaran testigos de que la universidad sí cumple una importante labor evangelizadora y de que está identificada con los valores católicos. Pero, en el contexto de las críticas que ha recibido la PUCP del ala conservadora de la Iglesia, esta declaración adquiere el cariz de una defensa.

Lo más interesante de todo es que, de acuerdo a la fuente próxima a la Compañía con la que dialogó DOMINGO, los jesuitas son conscientes de que el decreto del Vaticano que le quita a la PUCP los títulos de “Pontificia” y “Católica” no solo enfrenta con escollos jurídicos que hacen muy difícil que sea aplicable, sino que, además, y esto es muy importante, ha sido acogido con frialdad y hasta rechazo por la ciudadanía.

La fuente recordó la encuesta del lunes 20 de Ipsos Apoyo, en la que la mayoría de ciudadanos (62%) desaprobaba el retiro de sus títulos a la universidad. Además, señaló que el decreto emitido por Tarcisio Bertone no ha obtenido respuesta de ninguna autoridad pública. “Se trata de un secretario de Estado, que es el primer ministro de un país, ante el que todos se quedan callados. Eso es un desplante grande en lenguaje diplomático”, refirió.

Los jesuitas también son muy conscientes de que el acuerdo entre la Santa Sede y el Perú deja en claro que las universidades católicas también se rigen por la legislación peruana, en este caso por la Ley Universitaria de 1983. Según esta norma, la máxima autoridad en la PUCP es la Asamblea Universitaria y es ella la que elige y nombra al rector y a los vicerrectores. “La Iglesia en el acuerdo con la Santa Sede aceptó que las instituciones católicas se sometan a la ley peruana”, dijo la fuente.

Esta posición, por supuesto, es diametralmente opuesta a la que Cipriani, sus abogados y sus allegados sostienen.

Una vieja rivalidad

Cuando el padre Cruzado afirma que la PUCP sí está identificada con los valores católicos, es inevitable pensar en la carta que monseñor Javier del Río, uno de los obispos más conservadores del país, dirigió, en febrero de 2010, a Marcial Rubio para quejarse de que se estaba perdiendo la identidad católica. O en las publicaciones de las web “Perú defiende la vida” y “Tradición y acción por un Perú mayor”, voceros de sectores conservadores católicos, que acusaban a muchos catedráticos de la universidad de “abortistas” y “rojos”.

Precisamente Tradición y acción... publicó hace poco un artículo en el que acusa a miembros de la Compañía de Jesús de haber apoyado la adulteración de la identidad católica de la universidad. Dice que todo empezó cuando se creó el Programa de Ciencias Sociales, a cargo del jesuita Luis Velaochaga, y que empeoró cuando el padre Gustavo Gutiérrez (no jesuita pero sí progresista) llevó los principios de la Teología de la Liberación a las aulas.

La toma de posición de los jesuitas podría ser vista por los observadores como un capítulo más de la rivalidad histórica que la orden mantiene con el Opus Dei, la prelatura de Cipriani. O como el viejo antagonismo entre progresistas y conservadores dentro de la Iglesia. En el Perú, esta rivalidad no era manifiesta hacía tiempo, pero ahora se ha visto avivada con la misiva de Bambarén. Y quizás, un poco, con la carta del padre Cruzado, conciliadora y todo, que al cardenal debe de haberle suscitado algún fruncimiento del ceño.

El último martes, luego de que la carta de la Compañía se hiciera pública, Cipriani fue entrevistado en RPP. Sus palabras fueron elocuentes. Mientras los jesuitas invocaban a retomar el diálogo, él dijo: “Yo apelo al sentido común de los alumnos. No al diálogo, sino a la obediencia”. Obediencia, como la que quiere imponer entre todos los miembros de la Iglesia. Pero, ya se ve, no todos en el rebaño se quedan callados ni agachan la cabeza. (O.M.)

LA ORDEN DE LOS INTELECTUALES

Fundada en 1540 por San Ignacio de Loyola, la Compañía de Jesús fue una de las primeras órdenes que llegó al Perú en los primeros años de la Conquista. Actualmente sigue siendo una de las más importantes del mundo, reconocida por el énfasis que le da a la actividad académica y educativa.

En el Perú hay actualmente unos 170 jesuitas, algunos de ellos provenientes de España. Ellos son los fundadores de la cadena de 78 colegios Fe y Alegría, de las universidades Del Pacífico y Antonio Ruiz de Montoya y de los colegios La Inmaculada (Lima), San José (Arequipa), San Ignacio (Piura) y Cristo Rey (Tacna).

Jesuitas destacados en el Perú han sido Blas Valera, Juan Pablo Vizcardo y Guzmán, Felipe Mc Gregor, Rubén Vargas Ugarte, Augusto Vargas Alzamora, Ricardo Durand Flórez y, más recientemente, Luis Bambarén y el Obispo de Huancayo, Pedro Barreto. Mc Gregor y Vargas Ugarte fueron rectores de la PUCP.

 
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