
VENEZUELA.- ( AGENCIALAVOZ.ORG ) Es esencial porque Dios “habita en medio de la alabanza”, los ángeles alaban a Dios constantemente, el pueblo de Israel y los cristianos cantan en los cultos para comunicar el mensaje de Dios.
La música se menciona por primera vez en Génesis 4:15, dice que Jubal, “padre de todos los que tocan arpa y flauta” cantaba a Dios. El patriarca Job afirma, “cuando Dios terminó la creación alabaron todas las estrellas del alba y se regocijaron todos los hijos de Dios”. En la Biblia Moisés, su hermana María, Débora, Ana y otros usaron la música para adorar al Señor.
Las composiciones de David, el “dulce cantor de Israel” es el himnario más completo del mensaje de Dios. El rey Salomón compuso “mil cinco cantares” (1 Reyes 4:21). La música acompañó a los profetas y a los apóstoles en su ministerio. Eliseo pidió a un tañedor que lo acompañara con la música para oír la voz de Dios.
Cuando David trasladó el arca a Jerusalén fue “acompañado con toda clase de instrumentos de madera de haya, con arpa, salterios, panderos, flautas y címbalos” (2 Reyes 6:5; 2 Cr. 13:8), tan famosos se hicieron los cantos de los levitas en Babilonia que, los caldeos le dijeron, “cantadnos algunos de los cánticos de Sión” (Salmos 137:3); los judíos son profesionales en la música de adoración a Dios.
Estas verdades confirman que el músico que conoce, lee y toca por las notas del pentagrama, actúa con éxito en todo público. Ejemplo, el doctor Eleazar y Rebeca de Inciarte dirigieron magistralmente un coro de 300 voces en la Campaña de las Américas en el Poliedro, Teolinda de Morandi con un coro infantil y juvenil participó en festivales, desfiles en Ciudad Bolívar, grandes iglesias, plazas y universidades. El profesor Michel Eustache, con el Grupo Vocal Bautista, puso en alto el ministerio de la música dentro y fuera del país, tanto que el doctor José Antonio Abreu, eximio maestro de la música, fue a escucharlo en la iglesia Betel de Caracas. Ahora es el maestro Dudamel quien ha llenado de gloria el nombre de Venezuela con la música.
El buen director de culto, escoge los himnos apropiados, en sintonía con el tema de la predicación y la lectura bíblica y la oración. Antes de subir a la plataforma, el coro, el director y el pastor deben reunirse en oración, mientras los músicos tocan el preludio que llama a la adoración, cuando el reverendo sube al púlpito ya la congregación está preparada para escuchar el mensaje.
San Pablo dijo, “cantaré con el espíritu; pero también con el entendimiento” (1 Cor. 14:15). Es bueno saber que hay más de 3 mil himnos que el director puede utilizar con eficacia. En Brasil, las biblias tienen incorporados los himnos inmortales. Me dio mucho gusto escuchar a los hermanos brasileños cantar con su biblia en Brasilia, San Pablo y Bello Horizonte durante la Campaña de las Américas.
Las composiciones de David, el “dulce cantor de Israel” es el himnario más completo del mensaje de Dios. El rey Salomón compuso “mil cinco cantares” (1 Reyes 4:21). La música acompañó a los profetas y a los apóstoles en su ministerio. Eliseo pidió a un tañedor que lo acompañara con la música para oír la voz de Dios.
Cuando David trasladó el arca a Jerusalén fue “acompañado con toda clase de instrumentos de madera de haya, con arpa, salterios, panderos, flautas y címbalos” (2 Reyes 6:5; 2 Cr. 13:8), tan famosos se hicieron los cantos de los levitas en Babilonia que, los caldeos le dijeron, “cantadnos algunos de los cánticos de Sión” (Salmos 137:3); los judíos son profesionales en la música de adoración a Dios.
Estas verdades confirman que el músico que conoce, lee y toca por las notas del pentagrama, actúa con éxito en todo público. Ejemplo, el doctor Eleazar y Rebeca de Inciarte dirigieron magistralmente un coro de 300 voces en la Campaña de las Américas en el Poliedro, Teolinda de Morandi con un coro infantil y juvenil participó en festivales, desfiles en Ciudad Bolívar, grandes iglesias, plazas y universidades. El profesor Michel Eustache, con el Grupo Vocal Bautista, puso en alto el ministerio de la música dentro y fuera del país, tanto que el doctor José Antonio Abreu, eximio maestro de la música, fue a escucharlo en la iglesia Betel de Caracas. Ahora es el maestro Dudamel quien ha llenado de gloria el nombre de Venezuela con la música.
El buen director de culto, escoge los himnos apropiados, en sintonía con el tema de la predicación y la lectura bíblica y la oración. Antes de subir a la plataforma, el coro, el director y el pastor deben reunirse en oración, mientras los músicos tocan el preludio que llama a la adoración, cuando el reverendo sube al púlpito ya la congregación está preparada para escuchar el mensaje.
San Pablo dijo, “cantaré con el espíritu; pero también con el entendimiento” (1 Cor. 14:15). Es bueno saber que hay más de 3 mil himnos que el director puede utilizar con eficacia. En Brasil, las biblias tienen incorporados los himnos inmortales. Me dio mucho gusto escuchar a los hermanos brasileños cantar con su biblia en Brasilia, San Pablo y Bello Horizonte durante la Campaña de las Américas.
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